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domingo, 20 de marzo de 2016
El señor de las moscas 1963
Hoy os traigo una película del año 1963 inédita en España. En esta ocasión os presento la primera adaptación cinematográfica de la novela de William Golding escrito en le año 1954, El señor de las moscas, la cual tuvo otra adaptación más conocida en el año 1990.
Cualquiera de las dos películas son más que recomendables pero hoy voy a recomendar y ha comentar la primera de ellas.
Sólo el inicio de la película con esa narración a base de fotografías fijas te deja clavado al asiento. Además el trabajo de fotografía en blanco y negro es un verdadero prodigio. Entre ambas versiones hay diferencias (como la elección del jefe del grupo) pero la esencia de ambos es similar. Sin embargo, los personajes tienen más matices y están mejor desarrollados en la primera versión.
Las dos películas ahondan en la idea de la sociedad humana. Los niños perdidos en una isla desierta deben aprender a sobrevivir. Deben satisfacer sus necesidades básicas de cobijo y alimento. En los primeros días tras el accidente, se establecen unas normas básicas de convivencia y disciplina encaminadas a un posible rescate y heredades de la sociedad de la que provienen los muchachos.
El hecho de encender el fuego se hace imprescindible, las gafas del personaje de Piggy (Cerdito), un muchacho no muy dotado físicamente y que es objeto de las burlas de sus compañeros, serán la herramienta usada para encender el fuego. También se establece un método de llamar a asamblea haciendo sonar una caracola. Dicha caracola servirá también para tomar la palabra en las reuniones, todos tendrán acceso a la palabra pero sólo podrá hablar aquel que esté en posesión de la caracola. Ésta pasará a ser el símbolo de la organización del grupo, es su pequeña unión a las normas sociales del lejano mundo de los adultos. Es su pequeña constitución y su símbolo de democracia dentro del grupo.
Se establecen roles sociales dentro del grupo. Se repartirán tareas y se asignan turnos para vigilar que el fuego no se apague durante el día y la noche. La falta de seguimiento por parte de algunos hace pensar a Ralph, elegido líder del grupo, que hacen falta sanciones disciplinarias. Los encargados de cazar, capitaneados por Jack, se convierten en un grupo fundamental, ya que son los que traen la comida al grupo, siendo los cerdos salvajes su presa más preciada. Para ello necesitan lanzas que ellos mismos construyen. El poder otorgado por las armas los convierte en una élite social. Jack y sus cazadores empiezan a diferenciarse del resto pintándose la cara como si de guerreros tribales se tratara. Jack apela al instinto de supervivencia del ser humano que le hace querer pertenecer a un grupo y ser aceptado socialmente. Todo el que no pertenezca a la tribu será tratado como un paria. Jack difunde entre los suyos la idea de que nunca van a ser rescatados, así pierden la fe en el improbable rescate y deciden dejar de seguir las normas establecidas por Ralph.
Jack potencia también creencias infantiles, casi mitológicas, haciendo creer a los demás que hay un monstruo en la isla. Jack usa el miedo de sus compañeros para controlarlos. La razón que deja paso a la superstición. El retorno a las emociones primarias del ser humano queda patente no sólo en sus pinturas de guerra sino también en los ritos, ofrendas y sacrificios que llevan a cabo. Jack crea una dictadura basada en el miedo en la que él es el dictador y los demás obedecen. Jack ofrece comida y seguridad, lo que hace que su violenta dictadura vaya ganando cada vez más adeptos. Una vez más vemos cómo la seguridad se impone a la libertad.
Así, la tribu de Jack se va haciendo más numerosa hasta que los pocos que no se han unido a ella serán vistos como disidentes y serán hostigados por sus antiguos compañeros. Frente a la tribu de Jack, Ralph y Piggy tienen la caracola y las gafas para hacer fuego, pero cuando la tribu de Jack les roben las gafas, no tendrán nada más que unas normas que ya nadie sigue. Ralph y Piggy siguen creyendo que el rescate es posible y que hay que mantener unas normas básicas de convivencia y respeto. Es el hecho de tener fe lo que realmente les diferencia del resto. Si no hay esperanza no vale la pena seguir con las normas de una civilización que ya no tiene ninguna influencia sobre ellos. En el grupo de Jack se impone la tiranía, siendo los caprichos del líder los que decidan el destino del grupo.
Las dos adaptaciones son fábulas pesimistas sobre la sociedad. Personalmente, no creo que el ser humano sea bueno por naturaleza y sea la sociedad la que lo convierte en malo. Creo que instintos y comportamientos violentos o autoritarios son inherentes a la naturaleza humana. La vida en sociedad sacrifica parte de esos instintos en beneficio de la colectividad. De igual modo, puede ocurrir que una sociedad, movida por el miedo se deje gobernar por un tirano.
Me pareció muy estimulante la simbología de los objetos como las gafas (el progreso), la caracola (la democracia), la pintura (la diferencia frente a los otros) o la cabeza del jabalí (el miedo). Como podéis ver, películas sobre niños que no es para niños.
Así que hoy os dejo la primera versión, si queréis que en algún futuro os deje la versión de 1990 solamente me lo tenéis que pedir.
https://mega.nz/#!01UmRTyR!W3P-Q-OVyl8xNN_MrRcw3gIFr0-RabmUEgoC0oaJsXU
domingo, 7 de febrero de 2016
Supervivientes de los Andes
El viernes 13 de octubre
de 1972, un avión uruguayo con 45 personas a bordo se estrelló en
los Andes. El grupo estaba compuesto por jóvenes jugadores de rugby,
sus amigos y parientes. Los sobrevivientes al choque quedaron
atrapados por las montañas nevadas a casi 4.000 m de altitud, sin
comida suficiente, sin agua, sin vestimenta adecuada y soportando
temperaturas menores a -30ºC. Al décimo día se enteraron, a través
de un pequeño receptor de radio, que la búsqueda del avión había
sido suspendida, dándoselos por muertos. Sabiéndose abandonados, la
salida de ese lugar quedaba exclusivamente en sus propios intentos de
encontrar un camino al valle. Finalmente, dos de los sobrevivientes
lograron, con enorme sacrificio y en condiciones inhumanas, cruzar a
pie la cadena montañosa de los Andes. Tras caminar 10 días,
encontraron al arriero Sergio Catalán, quien salió en busca de
ayuda y regresó con un grupo de rescate. Concluyeron así 72 días
de hambre, dolor, sufrimiento, desesperación y esperanza. Este
suceso es conocido mundialmente como el milagro de los Andes.
Seguramente conozcas esta
historia real por su adaptación cinematográfica estadounidense del
año 1993 llamada Viven pero 17 años antes, en el año 1976 y
solamente cuatro años después de tal trágico suceso el cineasta
mexicano René
Cardona recrearía este suceso adaptando el libro de 1973 de Clay
Blair Jr.
A
ser una película del año 1976 y de un presupuesto muy limitado no
invita a reseñar demasiado ya que hay que admitir que la película
ha envejecido bastante mal pero es una película muy curiosa si te
interesa el hecho real o quieres tenerla en tu currículum
vítae cinematográfico.
El
tono documental me agrada ya que le da un cierto punto realista. Los
decorados para el día de hoy no esta para nada bien conseguidos pero
lo que importa aquí es la crudeza y la realeza con la que actúan
los actrores que lo hacen bastante creíble. No es que tenga
sangre, pero si que es verdad que es bastante desagradable las
escenas de canibalismo y eso le da puntos a favor al realismo.
Digamos
que es una versión barroca de la versión estadounidense del año
1993.
Es
un trabajo bien realizado, que trata de contagiarnos la desesperación
y frustración que vivían en cada instante... quizás se hace un
poco larga, pero a mi me entretiene mucho.
Resumiendo,
si eres un cinefilo o te interesa el hecho real darle una oportunidad
ya que es una película mucho más realista, dura y humilde que la
versión del 1993 pero que ha envejecido bastante mal si quieres ver
un cine mucho más dinámico y cerca de los canones actuales
cinematográficos, para eso te recomiendo mejor que le des un vistazo
a la película Viven.
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